Hay chistes que provocan carcajadas nada más escucharlos y otros que consiguen exactamente lo contrario. Son los famosos chistes malos, bromas sencillas, absurdas y muchas veces tan predecibles que precisamente por eso terminan haciendo gracia.
Los llamados chistes malos que dan risa tienen algo especial: no necesitan una gran historia ni un elaborado argumento. Normalmente basta con un juego de palabras, una respuesta inesperada o un remate completamente absurdo.
Si te gustan los chistes cortos, las bromas tontas o esas ocurrencias que hacen que alguien diga «qué malo» mientras se ríe, aquí tienes una recopilación para compartir con amigos, familiares o compañeros.
Los mejores chistes malos y cortos
Empezamos con algunos clásicos que puedes contar prácticamente en cualquier situación.
—¿Qué le dice un jardinero a otro?
—Nos vemos cuando podamos.
—¿Qué hace una abeja en el gimnasio?
—¡Zum-ba!
—¿Cuál es el colmo de un electricista?
—Que su mujer se llame Luz y sus hijos le sigan la corriente.
—¿Qué hace un pez?
—¡Nada!
—¿Qué le dice un techo a otro techo?
—Techo de menos.
—¿Qué le dice una iguana a su hermana gemela?
—Somos iguanitas.
—¿Qué hace una vaca cuando sale el sol?
—Sombra.
—¿Qué le dice un semáforo a otro?
—No me mires, que me estoy cambiando.
—¿Qué le dice una pared a otra?
—Nos vemos en la esquina.
—¿Qué hace un perro con un taladro?
—Taladrando.
Chistes malos de animales
Los animales son protagonistas habituales de los chistes malos, especialmente cuando permiten crear juegos de palabras.
—¿Cómo se despiden los químicos?
—Ácido un placer.
—¿Qué animal tiene más dientes?
—El ratoncito Pérez.
—¿Qué le dice un pato a otro pato?
—Estamos empatados.
—¿Por qué el elefante no usa ordenador?
—Porque le da miedo el ratón.
—¿Qué hace una oveja sin lana?
—Está desnuda.
—¿Cómo se llama el campeón de buceo japonés?
—Tokofondo.
—¿Y el subcampeón?
—Kasitoko.
—¿Qué hace un pez en una oficina?
—Nada de trabajo.
—¿Qué le dice un gusano a otro gusano?
—Voy a dar una vuelta a la manzana.
—¿Qué animal puede saltar más alto que una casa?
—Cualquiera, porque las casas no saltan.
Chistes malos de papá
Los chistes de padre tienen una característica inconfundible: suelen provocar primero un silencio incómodo y después una sonrisa.
—Papá, ¿puedo ver la televisión?
—Sí, pero no la enciendas.
—Papá, tengo frío.
—Pues ponte detrás de la puerta, que ahí hay corriente.
—Papá, ¿qué se siente al tener un hijo tan guapo?
—No sé, pregúntale a tu abuelo.
—Papá, ¿me compras un reloj?
—¿Qué hora es?
—Papá, ¿qué haces con esa caja?
—Estoy embalando.
—¿Cómo se llama el hermano vegetariano de Bruce Lee?
—Broco Lee.
—¿Cómo se llama el primo vegano de Bruce Lee?
—Broco Lee.
—¿Qué hace un padre con un martillo?
—Da la nota.
Este tipo de humor está muy relacionado con los juegos de palabras, porque la gracia suele encontrarse en la semejanza entre diferentes significados.
Chistes malos de médicos
Los médicos, hospitales y pacientes también dan mucho juego para crear bromas absurdas.
—Doctor, doctor, creo que soy invisible.
—¿Quién ha dicho eso?
—Doctor, me duele aquí, aquí y aquí.
—Pues no vaya a esos sitios.
—Doctor, tengo complejo de perro.
—¿Desde cuándo?
—Desde cachorro.
—Doctor, creo que necesito gafas.
—Claro que las necesita. Esto es una ferretería.
—Doctor, ¿qué puedo hacer para adelgazar?
—Corra diez kilómetros al día.
—¿Y después?
—Después siga corriendo.
—Doctor, tengo miedo de las operaciones.
—No se preocupe, yo también.
Chistes malos de colegio
Los chistes de colegio son perfectos para niños y también para recordar algunas de esas bromas que todos hemos escuchado alguna vez.
—Profe, ¿me castigaría por algo que no he hecho?
—Por supuesto que no.
—¡Perfecto! Porque no he hecho los deberes.
—¿Qué hace un lápiz en el suelo?
—Está dibujando una caída.
—¿Cuál es el animal que estudia más?
—El búho, porque siempre está empollando.
—¿Por qué el libro de matemáticas estaba triste?
—Porque tenía demasiados problemas.
—¿Qué le dice un cero a un ocho?
—Bonito cinturón.
—¿Cuál es el colmo de un estudiante?
—Que su examen tenga muchas preguntas y pocas respuestas.
—¿Qué asignatura le gusta más a una abeja?
—Zumática.
Chistes malos de matemáticas
Si te gustan las bromas absurdas, las matemáticas ofrecen muchas posibilidades.
—¿Por qué seis tiene miedo de siete?
—Porque siete ocho nueve.
—¿Qué le dice el número uno al diez?
—Para ser como yo tienes que tener personalidad.
—¿Cuál es el animal más matemático?
—El cocodrilo, porque siempre está en el álgebra.
—¿Qué hace una calculadora en el gimnasio?
—Cuenta calorías.
—¿Por qué el libro de matemáticas fue al psicólogo?
—Porque tenía demasiados problemas.
—¿Cuál es el número favorito de los árboles?
—El tres, porque tienen tres dimensiones.
Chistes malos de informática
La informática también tiene su propia colección de bromas, especialmente cuando aparecen ordenadores, móviles y contraseñas.
—¿Qué le dice un ordenador a otro?
—¿Tienes un ratón?
—Sí.
—Pues cómetelo, que yo tengo hambre.
—¿Por qué el ordenador fue al médico?
—Porque tenía un virus.
—¿Cuál es el colmo de un informático?
—Que se le vaya el internet y no encuentre la salida.
—¿Qué hace un hacker en la playa?
—Navega.
—¿Por qué el ordenador tiene frío?
—Porque ha dejado Windows abierto.
—¿Cómo se llama el campeón de informática?
—Megabyte.
Chistes malos de comida
La comida es otro tema perfecto para crear bromas rápidas y juegos de palabras.
—¿Qué le dijo el tomate al otro tomate?
—¡No te pongas rojo!
—¿Qué hace una patata en una discoteca?
—¡Papasito!
—¿Qué le dice una aceituna a otra?
—Oliva contigo.
—¿Cuál es el café más peligroso?
—El ex-preso.
—¿Qué le dijo el azúcar al café?
—Sin ti mi vida sería amarga.
—¿Qué hace una uva cuando está enfadada?
—Se pone pasa.
—¿Cuál es el colmo de una escoba?
—Que siempre la dejen plantada.
Chistes malos para niños
Los chistes infantiles suelen funcionar especialmente bien cuando son cortos, fáciles de recordar y fáciles de contar.
—¿Qué hace una abeja en el baño?
—¡Zum-ba!
—¿Qué le dice un árbol a otro?
—¡Qué pasa, tronco!
—¿Qué le dice una cebolla a otra?
—Nos vemos en capas.
—¿Cuál es el animal más antiguo?
—La cebra, porque está en blanco y negro.
—¿Qué hace una araña en internet?
—Una página web.
—¿Qué hace un perro con un móvil?
—Llama a su dueño.
—¿Qué le dice un caracol a una tortuga?
—¡Qué rápido vas!
—¿Qué hace una vaca en un terremoto?
—Leche agitada.
Chistes malos de trabajo
También puedes recurrir a bromas sobre la oficina, los compañeros y el trabajo para provocar alguna sonrisa durante una conversación.
—¿Cuál es el colmo de un trabajador?
—Trabajar hasta en sus sueños.
—Jefe, ¿puedo salir antes hoy?
—¿Por qué?
—Porque tengo una reunión con mi sofá.
—¿Cuál es el animal que mejor trabaja?
—La hormiga, porque siempre está ocupada.
—¿Qué hace un empleado cuando termina su jornada?
—Empieza la cuenta atrás para la siguiente.
—¿Cuál es el colmo de un fotógrafo?
—Que siempre le revelen sus secretos.
—¿Qué hace un calendario cuando está cansado?
—Se toma unos días.
Chistes malos de parejas
Las relaciones también tienen espacio dentro del humor absurdo.
—Cariño, ¿me quieres por mi inteligencia o por mi belleza?
—Por tu sentido del humor.
—¿Sabes qué es lo mejor de estar casado?
—Que siempre tienes a alguien a quien culpar cuando desaparece el mando.
—Amor, ¿qué quieres para cenar?
—Lo que tú quieras.
—Perfecto.
—No, eso no.
—Cariño, ¿estás enfadada conmigo?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
—Entonces sí.
Chistes malos de padres
Los padres tienen una habilidad especial para sacar un chiste de cualquier situación cotidiana.
—Mamá, ¿qué hay de comer?
—Comida.
—Mamá, ¿puedo salir?
—Sí.
—¿Adónde?
—Fuera.
—Papá, ¿me ayudas con los deberes?
—Claro. ¿Qué necesitas?
—Que los hagas tú.
—Mamá, tengo sueño.
—Pues duérmete.
—Papá, ¿qué hora es?
—La que marca el reloj.
No son precisamente grandes obras de la comedia, pero ahí está precisamente parte de su encanto.
Chistes malos de «¿qué le dice…?”
Este formato es uno de los más populares porque permite crear bromas muy breves.
—¿Qué le dice una escoba a otra?
—¡Barrémonos!
—¿Qué le dice una taza a otra?
—¿Qué taza haciendo?
—¿Qué le dice una impresora a otra?
—¿Esa hoja es tuya o es impresión mía?
—¿Qué le dice una silla a otra?
—¡Quédate sentada!
—¿Qué le dice un café a otro café?
—Nos vemos después de la pausa.
—¿Qué le dice una bombilla a otra?
—Estoy dando luz por ti.
—¿Qué le dice una puerta a otra?
—No me cierres la conversación.
Chistes malos tan malos que hacen gracia
Hay ocasiones en las que el chiste es tan malo que termina siendo divertido precisamente por lo absurdo que resulta.
—¿Cuál es el colmo de un fotógrafo?
—Que se le revelen los secretos.
—¿Cuál es el colmo de un peluquero?
—Perder el tren por los pelos.
—¿Cuál es el colmo de un astronauta?
—Estar siempre en las nubes.
—¿Cuál es el colmo de un panadero?
—Que su negocio no tenga futuro porque todo se le va en harina.
—¿Cuál es el colmo de un músico?
—Perder el compás de su vida.
—¿Cuál es el colmo de un relojero?
—Que siempre le den la hora.
¿Por qué nos hacen gracia los chistes malos?
El humor no depende únicamente de que un chiste tenga una historia compleja. Muchas bromas funcionan precisamente porque generan una expectativa y después ofrecen una respuesta inesperada.
En los chistes malos suele aparecer mucho el juego de palabras, la exageración o una asociación absurda. El oyente puede saber perfectamente cuál será el final y, aun así, disfrutar de la sencillez de la broma.
Además, contar un chiste malo con el tono adecuado puede hacerlo todavía más divertido. A veces, cuanto más serio se cuenta, mejor funciona.
Por eso los chistes malos son habituales en conversaciones entre amigos, reuniones familiares y publicaciones en redes sociales.
Chistes malos para contar por WhatsApp
Si buscas una broma rápida para enviar por WhatsApp o cualquier otra aplicación de mensajería, lo mejor es apostar por chistes muy cortos.
—¿Qué haces?
—Nada.
—¿Y antes?
—También.
—¿Tienes WiFi?
—Sí.
—¿Y cuál es la contraseña?
—TenerWiFi.
—¿Cómo estás?
—En horizontal si me tumbo.
—¿Qué hora es?
—Las cinco.
—¿De la tarde?
—No, de mi reloj.
—¿Qué haces con ese móvil?
—Lo sostengo.
En resumen
Los chistes malos no necesitan ser ingeniosos, largos ni complicados. Su encanto está precisamente en su sencillez, en los juegos de palabras y en esos finales tan previsibles que terminan provocando una carcajada.
Desde los clásicos chistes de padre hasta las bromas de animales, colegio, informática, comida o matemáticas, hay opciones para prácticamente cualquier situación.
Y recuerda: si después de contar uno alguien te dice «qué chiste más malo», probablemente hayas conseguido exactamente lo que buscabas.
Porque un buen chiste malo no tiene que ser bueno.
Tiene que ser tan malo que termine siendo bueno.
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